Las alteraciones del estado de ánimo (ansiedad, estrés, depresión…) son la consulta más frecuente que recibimos. Generalmente las asociamos más al trabajo con adultos, aunque muchas veces están presentes también en la población infantil y juvenil.
Los trastornos de ansiedad (fobias, ansiedad generalizada…) constituyen uno de los grupos de trastornos mentales más frecuentes. Las cifras pueden variar, pero hay cierto consenso en considerar que 1 de cada 5 personas tendrá un trastorno de ansiedad a lo largo de la vida. En el caso de los niños y los adolescentes, esta cifra estaría alrededor de 6 de cada 100.
Los trastornos depresivos los padece en torno a un 7% de la población. Muchas de las situaciones que desencadenan esta sintomatología tienen un inicio conocido (ej. Depresión postparto), aunque en ocasiones pueden suceder de una forma más inespecífica, al juntarse pequeños granitos que vamos acumulando en nuestra mochila.

Tenemos que tener en cuenta que las emociones como la tristeza o la frustración forman parte de nuestra vida cotidiana y no hay por qué patologizarlas. Aunque de manera coloquial podamos hablar de ansiedad o depresión, tenemos que tener en cuenta que estos términos corresponden a diagnósticos clínicos. Es por tanto necesario que aprendamos a distinguir la ansiedad del estrés o la depresión del desánimo.
A la hora de abordar este tipo de situaciones en consulta, primero hacemos un análisis y valoración del estado emocional de la persona. Una vez que tenemos esa primera “foto”, podemos comenzar a intervenir; para ello partimos de una visión global que vamos desgranando en distintas partes.
Por un lado, suele haber una intervención más inmediata, donde pequeños actos en nuestro día a día comienzan a mover un engranaje general que nos da un poco más de luz a las situaciones que estamos viviendo.
Por otra parte, definir la situación contextual que nos ha llevado hasta este punto (y que probablemente lo está manteniendo) nos dará muchas pistas. Tanto sobre qué situaciones más globales podemos modificar para salir de esta posición, como dónde poner límites, aprender a cuidarnos y evitar volver a encontrarnos en el mismo punto en un futuro.
Además, depende del momento y la persona, puede ser muy interesante ahondar algo más en las propias vivencias y su desarrollo desde un enfoque ecosistémico. Este enfoque entiende que el individuo se desarrolla a través de los diferentes ambientes en los que se desenvuelve y que influyen en su desarrollo cognitivo, moral y relacional. Siendo en este caso especialmente importante (de manera habitual) el desarrollo familiar.
Sea cual sea el motivo que te lleva a valorar la terapia, es un paso importante de autocuidado en el que trataremos de acompañarte y aportar un poco de luz en tu camino. Pedir ayuda es una fortaleza, no una debilidad.